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CULTURA
Pequeños Pacientes, Grandes Lectores 6

Un sueño inesperado

Autora: Lucía

Edad: 16 años
Hospital Universitario Infantil Niño Jesús
Emociones que encontrarás en este cuento: ansiedad, apatía y cansancio

Tenía mucho frío, pero abrí los ojos y de repente me di cuenta de que estaba en la Antártida. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Quién me ha traído?

Lo último que recuerdo fue anoche irme a dormir y, antes de quedarme dormida, ver una estrella fugaz. Mi abuela siempre me dijo que cuando viera una, pidiese un deseo. Por ello, pedí que mi vida diese un cambio, pues ya estoy aburrida siempre de la misma rutina cada día.

Sin embargo, lo último que me esperaba era despertar aquí. No sabía qué hacer ni dónde ir, así que lo primero que hice fue buscar una tienda donde vendiesen algo de ropa que me protegiera del frío. Finalmente, conseguí encontrar una y me compré un abrigo de pelo marrón.

Salí de nuevo a la calle, esta vez con menos frío, y me encontré a una señora que me dijo que ella fabricaba abrigos como el mío y que si quería ir a su casa a verla. Como no tenía adonde ir, acepté.La seguí hasta su casa y, al llegar, vi que el suelo apenas se podía ver ya que estaba cubierto de abrigos como el que yo llevaba puesto. Me sorprendió uno rosa fucsia porque me llamaba la atención el color, así que lo cogí, levanté del suelo y no me pude creer lo que vi: Había un cadáver de un niño.

Asustada, comencé a levantar el resto de abrigos y vi que el suelo estaba cubierto de cuerpos congelados desparramados en el suelo. Busqué la salida de la casa para huir lo más rápido posible, pero la señora me encontró y me preguntó qué me ocurría. No quería que se enterase de que conocía su secreto, así que le dije que nada.

“He preparado una sopita caliente para ti, ¿quieres un poco?” Me dijo. Por compromiso, tuve que aceptar aquella propuesta. Cuando trajo el cuenco lleno de sopa, aproveché que estaba hirviendo para tirárselo y salir lo más rápido que pude. Sabía que si me quedaba allí, acabaría como uno de esos cuerpos en el suelo.

Cuando tenía la sopa en los ojos y no podía ver, salí. Al salir a la calle, de repente mi vista se empezó a poner borrosa y sentía que me desmayaba, ¿qué me estaba pasando?

De repente desperté otra vez y no entendía nada, me dolía mucho la cabeza. Mi abuela entró en mi habitación gritándome que qué hacía durmiendo todavía, que ya era mediodía y teníamos que salir a comer con la familia. Entonces ahí entendí, todo aquello tan extraño que me había sucedido había sido un sueño. Decidí no contárselo a nadie.

Un sueño inesperado

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