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Pequeños pacientes, grandes lectores 2

Buscando a Poli

Autora: Elena, 14 años
Aula Hospitalaria del Hospital Infantil Niño Jesús (Madrid)
Emociones que encontrarás en este cuento: sorpresa, amor, tristeza, calma

 

Érase una vez una familia de osos polares. La mamá se llamaba Zola, el papá Milo, y los ositos Poli y Tila. Estos vivían en el polo sur, en un iglú pequeñito pero acogedor. Se querían mucho y les encantaba pasear por el suelo helado del polo. Se llevaban muy bien con una familia de pingüinos, ya que ellos les enseñaron a nadar porque cada vez había menos hielo y más agua en el lugar donde vivían.

Un día, mientras iban paseando, Poli decidió alejarse porque se distrajo con un charco de agua. Empezó a chapotear y a jugar y cuando se dio cuenta, casi había anochecido. Zola, Milo y Tila estaban muy preocupados, porque querían mucho a Poli. Al llegar a casa, decidieron llamar a la familia de pingüinos para que les ayudaran a buscar a Poli. 

Se llevaban muy bien con una familia de pingüinos, ya que ellos les enseñaron a nadar porque cada vez había menos hielo y más agua en el lugar donde vivían

–¡Mamá pingüina! ¡Papá pingüino! Hemos perdido a Poli –dijo Zola preocupada. 

–¿Y cómo se ha perdido? –dijeron los pingüinos.

–Pues íbamos dando un paseo por el hielo y se detuvo a chapotear en un charco, nosotros no nos dimos cuenta y seguimos caminando, dejándola atrás. 

–¿Nos podríais decir dónde estábais cuando se perdió? –dijo la mamá pingüino.

–Pues cerca de la casita de la morsa Paquita –dijo Milo. 

–Pues entonces vamos a visitarla a ver si la ha visto –dijo el papá pingüino.

La familia de osos y de pingüinos fueron a visitar a la morsa Paquita. Cuando llegaron, gritaron todos juntos: 

–¡Morsa Paquita! ¡Morsa Paquita! ¿No habrás visto a Poli?

La morsa Paquita les respondió: 

–Lo vi jugando y chapoteando en un trozo de hielo, pero, de repente, ese trozo de hielo se desprendió y se fue flotando por el mar. 

–Si se fue por el mar, seguro que el pececito Fito tuvo que ver algo –dijo Zola

–¡Gracias por tu ayuda, Paquita! ¡Buscaremos al pececito Fito! –dijo el papá pingüino. 

Hay que cuidar el medioambiente y evitar que se caliente el planeta, para que a los ositos no les pase nada

Se despidieron de la morsa Paquita y fueron juntos a hablar con el pececito Fito. 

–Hola Fito, ¿no habrás visto por casualidad a Poli? –dijo Milo.

–Le vi flotando por el mar, me extrañó verlo tan solito, pero no le di demasiada importancia –respondió el pececito Fito. 

–¿Sabes dónde fue? –le preguntó Zola.

–Pues se fue con la orca Lita.

–Iremos a hablar con ella. 

–¡Gracias por tu ayuda, pececito Fito!

A continuación, se fueron a la casa de la orca Lita y, por sorpresa, se encontraron a Poli tomando un chocolate caliente. 

–¡Poli! ¿Qué haces aquí? ¡Nos tenías muy preocupados! –dijeron todos. 

–Pues mira, estaba chapoteando, cuando de repente, los trozos de hielo se derritieron, como todavía no sé nadar bien, me quedé en el trocito que me arrastró hasta aquí.

–¿Queréis un chocolate? – dijo la orca Lita.

–¡Vale! – respondieron todos.

Y se quedaron todos juntos y felices, en casa de la orca Lita. Por desgracia, lo que le ha pasado a Poli en este cuento, les pasa muy a menudo a los osos polares. Como los polos se están derritiendo, los osos se pierden porque no saben nadar. Por eso, hay que cuidar el medioambiente y evitar que se caliente el planeta, para que a los ositos no les pase nada.

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