Autora: Eva
Edad: 16 años
Hospital Universitario Infantil Niño Jesús
Emociones que encontrarás en este cuento: ira, incertidumbre y miedo
El día que ya me harté de todo, hice algo muy malo que no pude controlar. Ya estaba harta de que no me dejaran. Me levanté, desayuné y me preparé para ir al instituto. En el camino, me encontré con unos antiguos amigos con los que ya no me relacionaba. Ya solo con ver sus caras se me arruinó el día. En la primaria, ellos se reían de mí todos los días y me humillaban de todas las formas posibles. Yo siempre quise hacer algo para vengarme, pero nunca surgió la oportunidad.
En el camino, simplemente los ignoré y cuando llegué al instituto llevé a cabo mi plan. Sabía que ese grupito en los recreos siempre iban al baño, así que se me ocurrió ir también al baño cuando ellos estaban dentro. Cuando llegó la hora, me metí adentro del baño de discapacitados y tiré de la alarma de incendios. Del susto, todos salieron corriendo y yo fui corriendo a avisar a un profesor, diciendo que les vi tirar de aquella alarma.
Poco después, caí en la cuenta de que ellos y yo no éramos los únicos en el baño, al recordarlo se me aceleró el corazón y me puse a pensar en lo que podría pasarme si me descubrían. Pasaron unos cuantos meses, pero nadie me dijo nada. Creo que nunca descubrieron que en verdad fui yo. Los niños estuvieron expulsados algunos días y yo seguí mi vida normal.
A pesar de todo el tiempo que pasó, nadie me dijo nada nunca, pero el miedo de que me descubrieran siguió ahí y, poco a poco, comenzó a convertirse en culpa. Culpa por vengarme de quien me hizo estar tan mal en su momento. Pero ahora que lo pienso, ¿por qué debería sentirme mal por devolverle darle a alguien lo que se merece?

