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CULTURA

Riña de gatos

Francisco de Goya y Lucientes
Riña de gatos

1786
Óleo sobre lienzo
56,5 x 196,5 cm
© Museo Nacional del Prado
P006323

Y de repente aparece. Encima del muro, cuando menos te lo esperas, ahí surge un animal exactamente igual que tú, del mismo tamaño, con el pelaje un poco distinto, pero de la misma altura, con los mismos ojos. El cuerpo se tensa y el vello se eriza: la espalda se arquea porque el susto ha sido grande, y también la incertidumbre. No queda otra que mirarlo de frente. Para saltarlo en esta tapia habrá que preguntarle: “Y tú, ¿qué haces aquí?”, habrá que aceptar que está ahí y entender que el gato se aparece al gato porque está vivo. Para estar aquí tuvimos que aceptar una premisa: que todo se mueve y estamos a la intemperie, y que a lo largo del día pueden surgir muchos imprevistos. Vuelve a mirarlo y ve más allá de los ojos encendidos o las garras. Ponle nombre, llámalo, pregúntale quién es. Observa su movimiento, si viene hacia a ti o lo único que quiere es infundir miedo. Escucha el sonido de la tarde – parece que a lo lejos hay más cosas- y el bufido, a ver cuál suena más fuerte. Ahora escúchate a ti y deja que el gato haga su trabajo. Por dentro siempre sabemos cómo suena nuestra voz.

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