Saltear al contenido principal

CULTURA
Pequeños Pacientes, Grandes Lectores 6

Un libro sobre dragones, una gran amistad

Autora: Sofía

Edad: 12 años
Hospital Infantil Universitario Niño Jesús
Emociones que encontrarás en este cuento: alegría y sorpresa.

¡Robín! ¡Robín! —gritó Javier desesperado.

Después de que Robín se tirara desde la colina con su bicicleta vieja y haber tenido una dolorosa caída, la niña muda estaba tan asustada que el desprendido niño.

¡Robín! ¡Al fin te encuentro! —gritó el niño ahogando un suspiro cuando vio la pierna de Robín, que se encontraba sangrando.

No te preocupes, espera, vamos a contar hasta 5, ¿vale?…
1, 2, 3, 4, 5 —dijo Javier mientras intentaba tranquilizar a Robín, que se encontraba sollozando cada vez menos. 5 segundos y 5 días pasaron cuando los dos niños se volvieron a encontrar. Iban a escuelas distintas debido a la discapacidad de Robín, entonces no solían verse tan a menudo, aunque no importaba, tenían una gran amistad, “inseparable” decían sus madres.

Robín y su madre habían ido a visitar a Javier y sus padres. Robín estaba triste, sabía la noticia que le tendrían que dar a su amigo, pero también estaba emocionada de poder ver a Javier.

Sus padres se quedaron hablando y los dos niños se fueron corriendo a la habitación de Javier.

¿Mmm? ¿Qué es esto? —dijo Javier cuando Robín le acercaba un libro que había traído.

¿Un libro de dragones?… ¿Qué guay! ¿Es para mí?

Robín asintió y se dieron un abrazo. Javier la ayudó cuando se cayó y no podía hacer más que regalarle un libro sobre sus criaturas mitológicas favoritas.

Se divirtieron, pero no todo fue bueno: fue malo cuando Javier se puso a llorar, pero no se había caído, se había enterado de que Robín… se iba, se iba muy lejos, se iba a otro país. Javier no paraba de llorar con tantas emociones.

Ella era para él todo. Ella le escuchaba hablar de cosas estúpidas y aunque él no podía escuchar a Robín, se entendían el uno al otro.

Los días pasaron muy rápido y la angustia se hacía mucho más grande de lo que querían hasta que Javier se dio cuenta de que estaban a punto de llegar a la estación de tren, a la que él nunca quería llegar.

El último abrazo, la última despedida y otro sollozo de los muchos que quedaban. Javier se aferraba a la mano de su madre mientras veía el tren alejarse. Tenía que relajarse…

1… 2… —decía Javier susurrando mientras le caían lágrimas por la cara—. 3… 4… 500 kilómetros lejos de su casa, de su infancia, Robín pensaba mientras el tren seguía su ruta.

Solo podían pensar en los bonitos recuerdos que tuvieron y en el gusto por dragones que compartían. Cuando lo pensaban se ponían tristes de inmediato, pero no tenían que preocuparse, se volverían a ver el verano siguiente, para volver a hablar sobre dragones.

Un libro sobre dragones, una gran amistad

Volver arriba