Saltear al contenido principal

CULTURA
Pequeños Pacientes, Grandes Lectores 6

El jardín que me devolvió la calma

Autora: Andrea

Edad: 15 años
Hospital Infantil Universitario Niño Jesús
Emociones que encontrarás en este cuento: preocupación, calma y tranquilidad

Llevo cuatro horas intentando salir adelante, no puedo estar un día sin preocuparme de algo, por mínimo que parezca. Ya sea un café, una conversación o simplemente tener que hacer algo y tener miedo a no hacerlo bien, o ser juzgada. Pero allá voy.

Un día una amiga estaba muy ilusionada mientras estábamos haciendo una actividad del instituto para los niños de tercero de primaria, obviamente le pregunté: “¿Por qué se ha preocupado por una actividad de niños pequeños?”. Sí, era una tontería, pero también quiero que os riáis. En fin, mi amiga me preguntó si estaba nerviosa por algo, sinceramente le conté mis miedos. La conversación duró al menos una hora y media hasta que me dijo: “¿Quieres que te enseñe algo? No te arrepentirás”. Entonces asentí con la cabeza y se dispuso a sacarme de casa a rastras. De camino a donde me iba a llevar, pensé que sería una tontería, pero me daba miedo decidirlo. ¿Y si se enfadaba? ¿Ya no me hablaría más? Mi amiga interrumpió mis pensamientos con una frase: “Ya hemos llegado”.

Estaba tan inmersa en mis pensamientos que no me di cuenta de lo que estaban viendo mis ojos, hasta que pestañeé varias veces y tuve que cerrar los ojos de nuevo por lo abrumante que era, dificultando el hecho de poder abrirlos. Cuando pude hacerlo, no sabía ni a dónde mirar, era un enorme jardín repleto con diferentes tipos de flores: girasoles, margaritas, rosas, tulipanes y otras especies que no había visto en mi vida, aunque una cosa estaba clara, eran todas preciosas. Empecé a andar lentamente en el jardín con mi amiga, había mariposas, abejas y mariquitas. De un momento a otro, escuché agua caer, el ruido inundó mis oídos. Me giré y había una enorme y hermosa cascada de agua cristalina, tan limpia que podía ver con claridad las piedrecitas que descansaban en el agua. Mi amiga y yo nos tumbamos en la húmeda hierba que estaba a nuestro alrededor, me iba a comenzar a preocupar por si me manchaba los pantalones, pero simplemente me envolvió el silencio, y en ese momento suspiré, sonreí como nunca lo había hecho. Mi cuerpo se relajó de cabeza a pies, sentí una calma que no podía explicar con palabras, porque no sería suficiente, aunque lo sentí, y al mismo tiempo sentí cómo mi cuerpo me habló. Simplemente diré que ahí recostada, en el jardín, fue donde encontré la tranquilidad que hace tiempo no tenía.

El jardín que me devolvió la calma

Volver arriba